Borrones en la historia de un pueblo

9 de abril de 2003. El mundo contempla con júbilo cómo ingresan en el centro de Bagdad las fuerzas del ejército de los Estados Unidos y, sobre todo, cómo horas después miembros de las mismas derriban la estatua de Sadam justo enfrente del Hotel Palestina, donde también cayó a sus manos José Couso. Un lamentable daño colateral. Desde entonces el pueblo iraquí ya no puede contemplar la figura de su dictador, ni tampoco uno solo de los detalles, por pequeños que sean, que lo ensalzan.

26 de diciembre de 2007. Una ley, que llega tarde según el sentir de muchos, entra en vigor: la Ley de la Memoria Histórica.

Se contempla, no con júbilo, pero sí con cierta paz de espíritu, cómo parece amanecer para el reconocimiento de unos muertos mal enterrados.

Y se piensa, con la efervescencia de la sangre ajena vertida por lo que ahora disfrutamos, en el día en que legalmente se vean desaparecer de las calles y plazas las estatuas, placas y demás monumentos erigidos en forma de eterno homenaje a quienes se levantaron sólo en nombre de las armas.

Pero, lamentablemente, no vemos que termine de caer nuestra particular y enorme estatua de Sadam, aunque más de uno sí que siga sufriendo daños colaterales en el alma.

Desde que entró en vigor la citada ley se han retirado muchas placas, y cambiado nombres de calles, pero parece que cometamos un asesinato cuando pedimos el derribo de un monumento dedicado a ensalzar las figuras de los golpistas que acabaron con un gobierno –no se nos olvida– democráticamente elegido por el pueblo.

En nuestro municipio, Torre Pacheco, quedan todavía en pie varios de esos monumentos, y hubo quien usó la lija gruesa para borrar lo imborrable, como los nombres de personajes locales. Así, ahora se alzan más legitimados que nunca, pues ya se dan por totalmente saldadas las cuentas con la ley en este campo.

Y nada más lejos de la realidad. Se siguen viendo escudos, emblemas, nombres grabados a cincel… que hacen daño sobre todo a la vista y al corazón de quien perdió a alguien a manos de los homenajeados, y también de quienes, respetando a todos los muertos de aquella guerra contra el pueblo, sienten que esos homenajeados nunca vayan a pasar de ser considerados, y es mucho, presuntos asesinos.

Llaman la atención, entre otros muchos monumentos de nuestro municipio –aunque parezca que no, haberlos aún los hay– dos en concreto, localizados a menos de 9 kilómetros el uno del otro.

Uno se alza en la ahora llamada Plaza de la Libertad, en clara contradicción con el contenido de lo grabado en la piedra que alberga, a modo de homenaje a los caídos por España. En él figuran, con sus nombres y apellidos, ocho personas. Los nombres de algunos se han intentado borrar sin éxito, y se ha tratado de ocultar otros dando la vuelta al bloque en que figuran.

Indagando un poco en la historia del pueblo, los ocho nombres grabados, corresponden a miembros activos del movimiento triunfante en la «victoria del 39» y posteriormente voluntarios en la «250 Einheit Spanischer Freiwilliger» de la Wermacht o Blaue Division (División Azul), la compensación de Franco a Hitler por su ayuda en la Guerra Civil.

Y, curiosamente, cinco de estos ocho nombres aparecen grabados nuevamente en el segundo de los dos monumentos a los que nos referíamos.

Éste se encuentra en la pedanía de El Jimenado, justo enfrente de la Iglesia. En él se lee, con cierta dificultad (el de Torre Pacheco pueblo es mucho más legible): FET Y DE LAS JONS [Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista] DEL JIMENADO LE DEDICAN ESTE RECUERDO AL AÑO DE LA VICTORIA 1939.

Los cinco nombres que figuran son: Aniceto León Meroño, Juan León Meroño, Francisco León Meroño, Pedro León Garre y José Jiménez Lozano.

Como muestran las fotografías, aún perviven muchos nombres de calles dedicados a los sublevados, por mucho que se nos venda la idea de que han desaparecido del callejero del pueblo.

Una es la calle de Bastarreche, militar reputado de la época, consejero de FET y de las JONS desde 1938 y que tuvo la brutal idea de prohibir que se curase a los heridos detenidos en los sucesos de octubre (en el Barco Minerva).

Otros ejemplos son la calle de Aniceto León o la de Pedro León Garre, ambos homenajeados por Falange en el monumento de El Jimenado.

Se podría seguir así durante mucho tiempo, pero para muestra bien valen unos botones.

Queda por delante la ardua tarea de demostrar que estos ensalzamientos del golpe no se avienen a la Ley de la Memoria Histórica. Ésta, en su artículo 15, apartado 2, expresa que «las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra civil y de la represión de la Dictadura».

José Antonio Martínez López.

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3 Responses to Borrones en la historia de un pueblo

  1. Yo says:

    ¿Por qué nos esforzamos en borrar lo que ocurrió? La historia sirve para entender el presente y no hay que olvidar lo que un día pasó y puede volver a darse… llegará un momento en el que la gente no recuerde ni quien es Francisco Franco ni qué hizo.

  2. admin says:

    Durante cuarenta años se trató de borrar el significado de la II República. Durante muchos años de democracia se ha tradado de borrar el significado la dictadura. Cumplir la ley de memoria histórica, exigir la retirada de monumentos y símbolos que exalten la dictadura franquista o el golpe de estado perpetrado contra la República no es borrar la historia sino recuperarla y dignificarla, hacerla comprensible y útil para como bien dices «entender el presente». Nada más lejos de la intención de cualquiera que exija el cumplimiento de la ley de memoria histórica que olvidar que hizo y quien fue Franco.

  3. Miguel says:

    Estos rojos resabiados solo saben remover el fango. Será porque ese fango es su medio de vida. Que se dediquen a trabajar y producir.

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